Entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano llegarían a Estados Unidos, según lo anunciado por el presidente Donald Trump, quien sostuvo que la operación se haría a precio de mercado y que los recursos obtenidos quedarían bajo la administración directa de su Gobierno. La declaración volvió a mover el tablero energético y geopolítico internacional.
Trump describió el crudo venezolano como de alta calidad y calculó que su llegada a puertos estadounidenses podría traducirse en ingresos por encima de los 2.000 millones de dólares, tomando como referencia las cotizaciones actuales.
El pronunciamiento llegó pocos días después de que el expresidente venezolano Nicolás Maduro fuera capturado y trasladado a Nueva York, donde la justicia estadounidense lo acusa de delitos asociados al narcotráfico.
Los vacíos del anuncio
Hasta ahora, el gobierno venezolano no ha confirmado oficialmente la operación. Tampoco se conoce cuál sería el sustento jurídico del eventual despacho de crudo, si la presidenta interina Delcy Rodríguez dio un aval formal ni bajo qué condiciones se ejecutaría.
Los mercados reaccionaron a la baja
El efecto sobre los precios internacionales fue casi inmediato. Después de retroceder cerca del 2 % en la jornada anterior, el petróleo siguió cediendo en los mercados asiáticos, con caídas adicionales de alrededor del 1 %.
Para los analistas del sector, la perspectiva de mayores exportaciones venezolanas disminuye el temor a restricciones de oferta. Ese cálculo se da en un mercado que ya luce bien abastecido luego del reciente aumento de producción pactado por la OPEP+.
Aun con las sanciones que le impuso Washington, Venezuela concentra alrededor del 20 % de las reservas probadas de petróleo del planeta, calculadas en más de 300.000 millones de barriles. Los especialistas, sin embargo, señalan que subir la producción de forma acelerada choca con obstáculos de peso: infraestructura deteriorada, limitaciones técnicas y un ambiente político dominado por la incertidumbre.
Un pulso diplomático abierto
Tras la operación militar del 3 de enero, en la que fueron capturados Maduro y su esposa Cilia Flores, Trump ha repetido que su administración maneja el proceso de transición en Venezuela. También ha planteado que las compañías petroleras estadounidenses jugarían un papel protagónico en la explotación de las reservas del país suramericano.
Rodríguez ha respondido con señales de equilibrio. Si bien manifestó disposición a sostener relaciones de cooperación con Washington, ha subrayado que el gobierno venezolano ejerce su autoridad sin injerencias externas y que ninguna potencia extranjera gobierna el país.
Un interinato con plazo y presiones cruzadas
Los analistas coinciden en que la tarea política de Rodríguez es compleja. De un lado, están las exigencias de la Casa Blanca, concentradas sobre todo en el acceso al petróleo venezolano. Del otro, la necesidad de recomponer las tensiones internas de un chavismo que vive su mayor reconfiguración desde la salida de Maduro del poder.
Su mandato interino tiene un tope de 180 días y debe llevar al país a un proceso electoral, al tiempo que busca mantener la estabilidad institucional y económica. De ese equilibrio dependerá que el anunciado envío de crudo se concrete o que el choque entre soberanía, intereses energéticos y presión internacional inaugure otro capítulo de incertidumbre para Venezuela y la región.