Cada propietario de taxi que decida cambiar su vehículo de combustión por uno ciento por ciento eléctrico recibirá un apoyo económico de 52 millones de pesos. Así lo informó el presidente Gustavo Petro al presentar un programa nacional cuyo objetivo es renovar cerca de 54.000 taxis que hoy funcionan con gasolina, diésel o gas. El anuncio lo hizo el mandatario en sus redes sociales.

Menos emisiones y más rentabilidad, los argumentos del Gobierno

De acuerdo con lo expuesto por Petro, el incentivo persigue dos propósitos que van de la mano: recortar las emisiones contaminantes y la dependencia frente a los combustibles fósiles, y al mismo tiempo hacer más rentable el oficio para quienes conducen. En esa lectura, la tecnología aparece como una herramienta de productividad para el gremio.

El presidente trajo a colación su paso por la Alcaldía de Bogotá, periodo en el que se puso en marcha un plan piloto con taxis eléctricos. Para el mandatario, aquella experiencia probó que una transición de este tipo es posible en las ciudades del país. Agregó que varios de esos carros todavía están rodando, un argumento que, según su planteamiento, sustenta la decisión de llevar el esquema a escala nacional.

Aranceles más altos para empujar la industria local

El plan no se limita al subsidio. Incluye también un capítulo de política industrial: el Ejecutivo proyecta elevar en un 40 por ciento los aranceles de importación de automóviles y motocicletas que se muevan con hidrocarburos. La intención declarada es estimular la fabricación nacional de vehículos eléctricos y de sus componentes.

Bajo esa lógica, el Gobierno aspira a que el ensamblaje de los taxis eléctricos ocurra dentro del país, motores y piezas fundamentales incluidos, de manera que se fortalezca la industria nacional y se atraiga inversión en tecnología. Desde el Ejecutivo se enmarcó la propuesta dentro de una mirada integral orientada a modernizar el transporte urbano, mejorar la calidad del aire en las ciudades y encaminar la economía hacia un modelo más sostenible.

El piloto bogotano vuelve a la conversación

El anuncio, sin embargo, revivió la discusión sobre qué tan bien funcionó el ensayo de taxis eléctricos que se adelantó años atrás en la capital. Ese proyecto, tenido como pionero en América Latina, quedó formalizado en 2011 y arrancó operaciones en 2013 con el respaldo de la administración distrital, Codensa —hoy Enel-Codensa—, la Clinton Climate Initiative y la compañía BYD.

La idea original era incorporar 50 taxis eléctricos BYD E6, aunque en la práctica solo llegaron a circular 43 unidades. Se trataba de medir cómo se comportaban estos carros en condiciones reales de trabajo, con foco en autonomía, eficiencia energética e infraestructura de recarga.

Quienes participaron recibieron beneficios como la exención del pago de cupo y quedar por fuera del pico y placa durante diez años. Del otro lado, tropezaron con obstáculos para conseguir créditos en condiciones favorables, pues cada vehículo costaba alrededor de 85 millones de pesos.

Fallas técnicas y beneficios ambientales

Con los meses, distintos conductores señalaron gastos elevados de mantenimiento y demoras para conseguir repuestos, situación que en ciertos casos los dejó fuera de circulación por largos periodos. A eso se sumaron la escasez de técnicos especializados, el desgaste anticipado de las baterías y la inexistencia de reglas claras sobre cómo disponer de ellas al final de su vida útil.

Aun con esas dificultades, las autoridades del Distrito resaltaron el saldo ambiental. La Secretaría de Movilidad de Bogotá reportó que, entre 2013 y 2019, el piloto permitió dejar de emitir más de 3.300 toneladas de dióxido de carbono, cifra que respalda el aporte de los taxis eléctricos frente al cambio climático.

Lo que habría que resolver para escalar el modelo

Voces expertas y actores del sector coinciden en un punto: llevar el esquema a todo el país exige antes corregir las fallas que dejó al descubierto el ensayo bogotano, sobre todo en infraestructura de carga, formación técnica, abastecimiento de repuestos y reglas de juego estables. En el pasado, el crecimiento del programa se vio frenado por la falta de continuidad en las administraciones siguientes y por la ausencia de una política nacional consolidada.

Con este anuncio, el Gobierno intenta retomar la apuesta por la movilidad eléctrica a gran escala. El desafío pendiente es traducir la ambición del plan en una política sostenible que articule incentivos económicos, desarrollo industrial y condiciones reales para que los taxistas den el paso sin poner en riesgo su sustento.