Una frase pronunciada en el Despacho Oval bastó para devolver las Islas Malvinas a la agenda internacional. El lunes 31 de agosto, ante periodistas, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó que su Gobierno tiene bajo revisión la posición de Washington respecto a la soberanía del archipiélago. Le preguntaron si su país podría retirar el respaldo a la administración británica de las islas y contestó que suele revisar todas las posturas de su Gobierno. Con eso alcanzó para reactivar una discusión que lleva meses en aumento y que enfrenta históricamente a Argentina y al Reino Unido.

Revisar no es lo mismo que cambiar

Las palabras del mandatario generaron expectativa, pero conviene precisar el alcance: hasta ahora no hay ninguna decisión oficial que modifique la postura estadounidense sobre las Malvinas. Durante décadas, Estados Unidos se ha mantenido neutral frente a la disputa de soberanía y, en paralelo, reconoce que el Reino Unido ejerce hoy la administración de facto del territorio. Por eso lo anunciado por Trump corresponde a una revisión de política y no a un reconocimiento de la soberanía argentina sobre el archipiélago.

Esa eventualidad no apareció de la nada. Durante este año ya había asomado en documentos e informes vinculados al Pentágono. De acuerdo con información publicada por Reuters, la posibilidad de reexaminar la posición estadounidense se contempló como un instrumento de presión frente a aliados de la OTAN a los que Washington considera incumplidos en sus compromisos de defensa.

El presupuesto militar británico, en el fondo del asunto

El nuevo capítulo se conecta con la presión que la administración Trump viene aplicando sobre sus socios para que suban el gasto militar. Medios británicos han reportado que Washington estaría evaluando distintos mecanismos para empujar al Reino Unido a incrementar su inversión en defensa y acercarse a los compromisos fijados dentro de la OTAN.

Entre las opciones sobre la mesa figuraría, justamente, revisar la posición estadounidense frente a las Malvinas, un movimiento con capacidad de golpear la relación entre Washington y Londres. La sola posibilidad ha despertado inquietud en el Reino Unido, cuyo Gobierno sostiene que las islas son un territorio británico de ultramar y que cualquier definición sobre su futuro debe respetar la voluntad de quienes viven allí.

La lectura desde Buenos Aires

En Argentina la reacción fue de signo contrario. El presidente Javier Milei ha hecho del reclamo por las Malvinas un punto fijo de su política exterior y sostiene una relación cercana con Trump. Apenas se conocieron las declaraciones del jefe de la Casa Blanca, Milei valoró la posibilidad de que Washington reexamine su postura.

Para el mandatario argentino, todo gesto que reabra el debate internacional sobre la soberanía del archipiélago constituye una señal favorable a la reclamación histórica de su país. Lo que sigue sin estar claro es hasta dónde está dispuesto a llegar Trump y si la revisión desembocará en un cambio concreto de la política de Estados Unidos.

Más de cuarenta años de disputa

El diferendo por las Malvinas tiene raíces largas y tocó su momento más crítico en 1982, cuando Argentina y el Reino Unido fueron a la guerra por el control del archipiélago. La confrontación terminó el 14 de junio de ese año con la rendición argentina. El saldo fue de 649 argentinos, 255 británicos y tres habitantes de las islas muertos.

Desde entonces, Argentina sostiene su reclamo de soberanía y repite que la salida debe buscarse por la vía diplomática. Londres, en cambio, afirma que las islas son británicas y defiende que sus pobladores decidan su propio destino. En el referendo de 2013, más del 99 % de los habitantes que participaron se pronunciaron por seguir siendo territorio británico de ultramar.

Los escenarios que se abren

Por ahora, ninguna decisión de Washington altera formalmente la situación de las Malvinas. Trump se limitó a confirmar que el asunto se está revisando. El peso de sus palabras está en otro lado: devuelven la disputa al terreno de las negociaciones entre Estados Unidos y sus aliados y habilitan una posibilidad que hace unos meses lucía bastante más lejana.

Si la posición estadounidense llegara a moverse, Argentina sumaría un nuevo apoyo a su reclamo diplomático. Para el Reino Unido, ese mismo giro significaría un revés político y diplomático de peso. La incógnita es si la revisión que anunció Trump terminará convertida en una nueva política de Estados Unidos o si se quedará únicamente como una carta de presión sobre Londres. Mientras tanto, las Malvinas continúan bajo administración británica y su soberanía sigue siendo disputada por Argentina. La novedad es que Washington volvió a poner el tema sobre la mesa.