Un puesto de vigilancia armado con cobertura permanente, que exige tres turnos diarios, costaba alrededor de 15 millones de pesos mensuales el año pasado y hoy se acerca a los 18,8 millones. Esa cifra, expuesta por la presidenta de FedeSeguridad, Raquel Garavito, resume por qué el valor de las cuotas de administración volvió a instalarse en la conversación pública, luego de las alertas del gremio sobre el efecto de los cambios laborales y de las tarifas reguladas en el precio final del servicio.

Un precio que no lo fija el mercado

Garavito insistió en que el encarecimiento no proviene de decisiones discrecionales de las compañías, sino de obligaciones legales de cumplimiento estricto. Subrayó que en la vigilancia privada no existe libertad plena para poner precios: el Estado define un valor mínimo que ninguna empresa puede desconocer. Cotizar por debajo de ese piso, dijo, deja expuestas tanto a las firmas como a los clientes que terminan contratando servicios por fuera del marco legal. Por eso cuestionó los mensajes que plantean ajustar las tarifas solo con la inflación o según la oferta y la demanda: ese razonamiento, señaló, abre la puerta a prácticas irregulares en el sector.

El peso de la nómina

La dirigente gremial precisó que alrededor del 85 por ciento del costo del servicio corresponde al componente humano, un margen que deja poco espacio para bajar precios sin tocar derechos laborales. Cuando aparecen propuestas notoriamente más económicas, explicó, detrás suele haber empresas que incumplen las normas salariales, evaden aportes parafiscales, recortan la supervisión del personal o prescinden de seguros y de capacitación. El control de esas conductas está en manos de la Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada, que puede sancionar cuando detecta irregularidades.

Qué hay detrás del incremento

El salto en el valor del puesto de 24 horas no se explica únicamente por el aumento del salario mínimo. Según Garavito, pesan también los ajustes que trajo la reforma laboral: la jornada semanal más corta, la ampliación de la franja nocturna y el mayor reconocimiento de los recargos por dominicales y festivos, que subirán a nuevos porcentajes en los próximos meses. Sumados todos esos elementos, el alza real para el sector no se queda en un porcentaje moderado y puede bordear el 30 por ciento. A ello se agregan gastos obligatorios como los seguros ligados al porte de armas, que ocupan una porción importante de la estructura tarifaria.

Tecnología en lugar de guardas: la advertencia

La vocera del gremio también se pronunció sobre la decisión de varios conjuntos residenciales y edificios comerciales de reemplazar vigilantes por sistemas tecnológicos o esquemas de conserjería. Admitió que la tecnología sirve como complemento de la seguridad, pero alertó que un cambio apresurado podría costar miles de empleos formales e impulsar la informalidad. A su juicio, el país todavía no dispone de la infraestructura ni de las capacidades necesarias para sustituir por completo el modelo humano sin que se produzcan efectos sociales y laborales de peso.