La discusión sobre la inteligencia artificial en los servicios de salud dejó de ser un asunto de software para convertirse en una pregunta de fondo: cómo aprovechar estas herramientas para decidir mejor sin desplazar el criterio de quienes atienden a los pacientes. Ese interrogante atravesó Salud Consciencia 2026, encuentro celebrado el 26 de agosto en la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla, donde profesionales de la medicina, la investigación, la nutrición y la inteligencia artificial revisaron los cambios que ya asoman en la atención médica y en la manera de formar a las próximas generaciones de profesionales.
Quiénes participaron en la conversación
En el panel intervinieron el doctor Giancarlo Buitrago, director de Investigaciones y Educación de LaCardio; el doctor Gerardo Andrés Puentes Leal, líder de las Unidades de Endoscopia y del Servicio de Gastroenterología y jefe de Estudios y Epidemiología Clínicos del Hospital Serena del Mar; Eddy Carolina Betancourt, directora científica de Alianza Team; y Erick Eduardo Orozco Acosta, director del Doctorado en Inteligencia Artificial de la Universidad Simón Bolívar.
Hacia una atención cada vez más personalizada
Una de las ideas que más peso tuvo fue la del avance hacia una medicina hecha a la medida de cada persona. Hoy, lo que se sabe de un paciente ya no cabe únicamente en lo observado durante una consulta o en el resultado de un examen. A ese material se suman imágenes médicas, historias clínicas, información epidemiológica, datos sobre alimentación y registros que capturan relojes y otros dispositivos inteligentes.
El desafío, señalaron los panelistas, consiste en integrar todo ese volumen de información de forma segura y con utilidad real. Acumular datos por acumularlos no aporta nada: el propósito es que esa información derive en recomendaciones más precisas para cada caso.
Herramientas que amplían capacidades, no que sustituyen
El encuentro también abordó qué lugar ocuparán tecnologías como la inteligencia artificial en la práctica diaria de los médicos. Como muestra se expuso el laboratorio de impresión 3D de LaCardio, donde una imagen médica se transforma en un modelo físico que permite a los especialistas examinar un caso con mayor detalle y preparar una intervención.
La lectura compartida fue que estas tecnologías pueden expandir las capacidades del profesional, pero no ocupar el lugar de su juicio clínico. Quien tome la decisión final seguirá siendo el médico, gracias a su capacidad para leer el contexto y sopesar las condiciones particulares de cada paciente.
Del dato a la evidencia y de vuelta al paciente
Otro frente pendiente es tender puentes entre los datos, la investigación y la atención. En el debate se planteó la necesidad de construir sistemas capaces de convertir en conocimiento y evidencia la información que se genera en consultas, exámenes, dispositivos y registros, con apoyo de herramientas de inteligencia artificial, para que ese aprendizaje regrese con rapidez al cuidado del paciente.
Lo que tendrán que aprender los futuros médicos
Ese escenario modifica también la formación. A los conocimientos clínicos de siempre se sumará la destreza para plantear las preguntas correctas a los sistemas de inteligencia artificial, verificar la calidad de los datos, identificar sesgos y errores, y examinar con mirada crítica las respuestas obtenidas.
Que una herramienta procese información a gran velocidad no traslada a la máquina la responsabilidad humana. Entender al paciente, interpretar su situación y resolver qué hacer con la información continuará siendo una parte esencial del ejercicio médico.
Los cambios que deben asumir las instituciones
Para hospitales, universidades y demás organizaciones del sector, incorporar inteligencia artificial implica transformaciones internas. En Salud Consciencia 2026 se advirtió que adoptar estas tecnologías no se reduce a adquirir una herramienta: antes hay que precisar qué problema se busca resolver, disponer de datos de calidad, formar a los equipos y montar mecanismos de evaluación, seguridad y supervisión.
En el caso colombiano se suma otra tarea: impedir que estos desarrollos amplíen la brecha entre instituciones con niveles desiguales de acceso a infraestructura, información y recursos. La privacidad, la seguridad, la calidad de los datos, la ética y el acceso también forman parte del debate. La inteligencia artificial puede abrir puertas para robustecer la investigación y mejorar la atención, pero su despliegue deberá ir de la mano de controles y responsabilidad.
La conclusión del encuentro
El balance fue explícito: la inteligencia artificial ganará terreno en la medicina, aunque su impacto real no se medirá solo por la capacidad de procesamiento de una máquina. Lo determinante será lo que médicos, investigadores e instituciones logren hacer con esa información. La tecnología puede modificar las formas de diagnosticar, investigar y tratar enfermedades; convertir ese potencial en mejores resultados para los pacientes seguirá dependiendo del conocimiento, el criterio y la responsabilidad de las personas.